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De Historia natural del fuego, 1995
Cuando nació, dormía la angustia de los pájaros; y las flores resplandecían al contacto de los ruegos y los pensamientos fulminantes. Entonces, como en un haz de hálitos, el borde de un sueño diurno agonizaba en la constelación de la tarde. El sol y los demás arcanos reverdecían el rostro de las palabras de los ojos, el último error de las miradas... Para su cuerpo de arena de un día entre las manos, la disposición de la luz para anegarse de nombres. Para sus ojos pardos el otro cielo de una siesta lunar; para su nombre, las lontananzas de las hojas y de los pasos de los insectos frágiles por entre el fuego y el agua. Y el aire del fulgor de la esperanza. Y el castigo simétrico de un deseo, de una entrega, de un sueño que resta ser soñado entre las piedras...
Y tan sólo en un parpadeo de la tierra extraviar su imagen –estallando- que entra en la exasperación del dolor, ¿en el misterio de la libertad? Para sus ojos pardos que diluyen la conciencia de estar. Y el grito de los peces. Y el ruido del ocaso.
Pero viene sin forma por el viento. El viento que trae y lleva las noches polares y los días ebrios. Ya sin magia su vulnerabilidad escondida en la memoria, el odio de las puertas, en la obsesión de las paredes.
Ella va hacia el rincón de las caricias débiles. Para su cuerpo de tantas cosas el alba; para sus ojos que tiemblan en el aroma de la ausencia, el murmullo de las palabras dichas en sueños, de sueños dichos al despertar. Y el don natural que tienen los hombres de seguir siendo pájaros entre los hombres.
De Tierra adentro, 1997 De: 10 60 90- 10 poetas ecuatorianos de los 90s (nacidos en los 60s)- K-Oz Editorial
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